auschwitz
Viajes

Viajé a Auschwitz – En un vagón de tren

En un vagón de tren, multiplicado por cien. Humanos recolectan otros humanos. Los llevan a sabiendas y promesas falsas de encontrar «un lugar mejor». Que si obedecen sus condiciones mejorarán. Quizás así fue, en el camino que iba hacia la izquierda…

La casería comenzó y las víctimas del Holocausto han empacado su vida en una maleta.

  • Un cepillo y cera para limpiar los zapatos. Eran costosos, así que había que cuidarlos.
  • Dos mudas de ropa para intercambiar después de una ducha caliente.
  • Algunos utensilios de cocina (porque la esperanza de tomar el té y comer bien aguardaban aún).
  • Peines para el cabello, tan guapos, pensando que sus cabelleras aún esperarían la vejez para caer…

Los cazadores los tienen a su merced. Llegada la hora de abordar, las víctimas subían. Algunos solos, otros en familia ¿Alguien se imaginaba que el terror los aguardaba?. Vagón tras vagón y cada uno se llenaba.

Una espera larga hubo en esos trenes. Judíos, polacos, gitanos o «asociales» como ellos los llamaban. Otros muchos más… El tren paraba en Auschwitz II-Birkenau.



Al bajar del tren una larga fila más espera. Las promesas rotas, quizás aún, la esperanza viva. Un vagón, un tren, dos caminos y la decisión de una mirada.

El doctor los veía a todos. Uno por uno. ¿Derecha o izquierda? Y su destino elegía. Llegó el turno de un niño de 5, tomado de la mano de su madre, ella embarazada. Llevaba un conejo de terciopelo rojo y los zapatitos ya sucios. El doctor les indicó hacía la izquierda a los tres... Luego un anciano que corrió la misma suerte.

Más tarde un albañil, fuerte y varonil que fue enviado a la derecha, lo continuó una mujer alta y bien formada. Y unos gemelos, destinados a continuar su vida dentro de un laboratorio. Contribución a la ciencia, decía Josef Mengele.

¿A dónde iba el camino de la izquierda?

Los hacían desnudarse sin pudor para entrar todos juntos a las duchas. Silencio, ansiedad, miedo, incertidumbre y confusión llenaban la habitación.

Después de tomar, lo que sin saberlo sería su última ducha, entraban de 2000 en 2000 en cámaras de gas. Inevitablemente el cianuro entraba por sus fosas nasales hasta carcomer sus órganos, sus sueños, la esperanza. La vida. No hay ni un aliento, se esfumaron todos aquellos que, según los cazadores, eran «pocos útiles».

Ya sin vida, uno por uno son recolectados (por otras víctimas del Holocausto) para retirar su cabello y aprovecharlo como material del telar. Después eran depositados en los hornos para ser disueltos a cenizas y números pérdidos que jamás fueron archivados.



Ninguno fue afortunado pero quizá, como la promesa dictó, los que enviaron hacía la izquierda «encontraron un mejor lugar» más allá del sueño profundo. Los otros en cambio…

Hacía la derecha el trabajo forzado. El principio de una pesadilla.

Todas las víctimas en Auschwitz llenas de confusión y con la esperanza a medio caer avanzaban. Mientras unos apenas tomaban la ducha, otros se ahogaban, muchos más en fila esperando y los de la izquierda avanzando hacía un camino sin regreso a casa. Ninguna mejor vida esta por comenzar.

Una cerca rodea el terreno donde muchos hombres, mujeres y niños sufrieron los estragos de la fobia racial y la obsesión estúpida por lograr «una raza pura». Un vagón, un tren, dos caminos, una mirada y la derecha indicaba.

Las victimas eran documentadas, archivadas, marcadas y enviadas a diferentes campos de concentración para trabajos forzados según la conveniencia y decisión de los cazadores nazistas.

Marcas en el corazón

Con triángulos rojos en el pecho, al lado del corazón los identificaban. Triángulo rojo eran los enemigos políticos, algunos eruditos seleccionados de la élite intelectual. El verde era para criminales, ese debió ser el símbolo nazi. Azul para inmigrantes. Morado para testigos de Jehová. Rosa para los hombres homosexuales. Negro para los asociales (lesbianas, gitanos, prostitutas, discapacitados).

Cada símbolo dirigido a la clasificación y fundado en el odio hacía las personas que eran distintas de ellos. Un número de hasta 5 cifras era marcado en su pecho de manera atroz. El dolor y sufrimiento se extendía sin cesar cada segundo ahí dentro. Privados de la libertad y de una vida digna.

El día comenzaba a las 5 AM. ¿El desayuno? Un café. El almuerzo una sopa de verduras, a veces pasadas. Y la cena, debió ser un triste manjar. Una ración de pan.

Dos viajes al baño durante todo el día estaban permitidos. No se habla. No se escapa. Cuando un astuto valiente lo conseguía, entonces 10 o 20 más morían como lección y ejemplo de lo que sucedía si alguien más quería intentarlo.

La paja era su cama y el invierno su cobija. Hombre y mujeres separados. Y algunos otros castigados por caminar lento, por levantar la mirada, por respirar. Los castigados eran llevados a la prisión dentro del campo que dirigía la Gestapo. Por que sí, había prisión para los ya prisioneros. ¿Podía haber algo peor? Condiciones aún más deplorables y al final la muerte en una celda sin oxígeno.

En un vagón de tren, los cómplices callaban

Multinacionales poderosas como Siemens aprovecharon la mano de obra forzada (gratuita). Pelikan calló suministrando la tinta para tatuar las cifras de las víctimas. IG Farben (hoy Bayer) calló suministrando el gas para las cámaras de exterminio. y más callaron.

El mundo entero calló y a quien grito le cortaron la garganta.

Las víctimas habían marcado sus maletas con la esperanza de reencontrar sus pertenencias más tarde. Pero el futuro era ajeno, ya no era de ellos. La cera para zapatos ya no sería necesaria y ya no habría cabello que cepillar. Ni té que beber. Ni mudas que intercambiar.

Su vida se redujo a una segunda pequeña plana en los períodicos. Cartas ignoradas que pedían piedad y testimonios de las fugas exitosas que nadie podía creer.

Muchos dieron la espalda al sufrimiento de estas personas y otros intentaron ayudar. Hoy el campo de concentración de Auschwitz está ahí para recordarnos lo que como humanos, inspirados por el odio, el desamor y la búsqueda insaciable del poder, somos capaces de llegar a hacer.

«Quién olvida su pasado, está condenado a repetirlo»

-Jorge Agustín Nicolás Ruiz 
Veinte cosas que pensé mientras dormías
Veinte cosas que pensé mientras dormías

«Pero que bonito es verte dormir» y veinte cosas que pensé mientras dormías, de esas listas que mientras haya insomnio nos podemos permitir: Pero que bonito es verte dormir Ojalá hoy llovier…

¿Qué les gusta a los polacos de las mexicanas?
¿Qué les gusta a los polacos de las mexicanas?

Cuando llegué a Polonia me sorprendió un poco encontrar a muchas parejas polaco-mexicana y viceversa, por ello pasé algunos días cuestionandome sobre ¿qué es lo que les gusta a los polacos de l…

10 platillos de comida mexicana
10 platillos de comida mexicana

La comida mexicana es una de las gastronomías más populares y ricas que tene el mundo, especialmente los tacos. Pero como ya lo he mencionado anteriormente en: «7 clichés mexicanos que no son …

Como viajar al extranjero casi GRATIS
Como viajar al extranjero casi GRATIS

¿Quieres ir al extranjero pero tu presupuesto es reducido? Prepárate porque aquí te voy contar como viajar al extranjero casi GRATIS, como viajar a otro país y experimentar realidades completamen…

Cuando te vas
Cuando te vas

La casa se vuelve un disparatecon olor a cobijas suciasporque las velas no se han encendidoy la lavadora está descompuesta. Los pájaros no han cantado desde que las plantas se secaron Y el pesto sa…

Deja un comentario